martes, 14 de junio de 2016

Un día completito.

Iglesia Visigótica de Santa Comba.
Día completito el de este domingo. Pese a que el día está nublado, Xabier sugiere irnos a ver un castro en Ourense. Y allá nos vamos. Preparamos bocadillos, huevos hervidos, albaricoques y melocotones, botellas de agua y la comida de Thor y arrancamos.


Ourense es una de las 4 provincias gallegas. Es de interior y colinda con Portugal. Es más calurosa y menos lluviosa que las restantes por ser continental, con lo cual ni estaría lloviznando ni haría todavía el calor que llega a desplegar cuando el verano está en su apogeo. Es un buen plan. 

Fuimos primero al Castro de San Cibrao de Las. Los castros fueron asentamientos poblacionales que florecieron en la zona noroeste de la península ibérica entre los siglos VIII a.c y II d.c. Los restos de muchos de ellos quedan diseminados por toda Galicia, norte de Portugal, norte de Castilla y León y parte de Asturias. Se caracterizaban por tener dos murallas entre las que había un foso (estructura defensiva), puertas, vías tipo calles, zona para el ganado, para los cultivos, casas, talleres,... Eran pequeñas ciudades.... El Castro de San Cibrao fue de los últimos en levantarse, entre los siglos I y II de nuestra era y ya su influencia romana es más que evidente. De hecho, las casas no eran mayoritariamente circulares, sino rectangulares como las romanas y es enorme y con vías mucho mejor trazadas que las de otros. Aunque su estado actual de limpieza deja bastante que desear para ser de los más importantes, tiene al lado un museo arqueológico que está bastante bien estructurado y es muy didáctico. A Xabi le decepcionó, no obstante. Creo que esperaba más. A mí me permitió, como si fuera una niña en edad escolar, formarme una idea bastante buena de qué eran y cómo se vivía en los castros. Resalta que no hay claridad en cómo se organizaba y quién dirigía las relaciones políticas y sociales en los castros y con otros de la zona. Por otra parte, tampoco se sabe cómo morían y cómo se desarrollaban los funerales, porque no se hace alusión ninguna a la muerte en ninguno de los castros encontrados. Xabi me comentó que es la paradoja de que no sabemos cómo vivían las culturas megalíticas y sí cómo eran sus enterramientos en los "dólmenes" y sin embargo de la cultura castreña (castrexa, en gallego) sabemos cómo vivían pero no cómo morían. Curioso!

Al terminar allí eran las 4 de la tarde con lo cual decidimos aprovechar para comer. Después tomamos un café en la cafetería del museo y dimos de beber a Thor. 

Siguiente parada: Castromao, un castro en la zona de Celanova. Aquello sí que no hay por donde pillarlo. Es una vergüenza que mantengamos así el patrimonio cultural, incluso aspirando a que sea declarado Patrimonio de la Humanidad. Lleno de hierba que tapa. Ni siquiera señalizado. Un desastre. ¡Qué pena! Xabi estaba que echaba chispas. Lo conoció en tiempos mejores. 

De allí, fuimos al Complejo Arqueológico de Aquis Querquennis, nombre romano que significa "agua entre robles". Conserva las ruinas de lo que fue un campamento romano. Ruinas es la palabra que mejor lo describe. Aunque tiene un Centro de Interpretación de las ruinas, es ruinoso el estado de conservación puesto que las ruinas están bajo el agua y se aprecia muy poco de lo que hay. No obstante logro hacerme idea con la explicación de Xabier y un par de esquemas. Se observan los cubículos de las tropas, la "vía principia", la casa pretoria que correspondía al alto mando, las zonas para caballerizas, las murallas, las puertas en forma de arco.... Por cierto, el agua de los manantiales es termal. No eran listos ni nada los romanos, adictos como eran al baño. 

Nuestro Thor se lanzó al embalse y creímos que lo tendríamos que ayudar a salir. Pero de eso nada, se buscó la vida para salir solito. 

Parecía por la hora que ya nos volveríamos, pero a un par de km aún quedaba por ver la Iglesia Visigótica de Santa Comba de Bande. La iglesia, en muy buen estado de conservación tiene palpable influencia sueva. Los suevos fueron pobladores bárbaros que ocuparon parte de la Galaecia. 

Me encanta imaginar cómo vivían y qué sentían los que nos antecedieron... y cómo una parte de ellos aún queda en nosotros. 

Sin tiempo para más, es hora de volver a casa.

Pero aún no dije por qué el día fue completito. Al poner el GPS para regresarnos, dice: - llegará a su destino a las 22:35 h. Xabi, que nunca responde, masculló un :- si Dios quiere. Me llamó la atención. 

El viaje se desarrollaba bajo una pertinaz llovizna. Igual que la de la mañana. Pasado ya Santiago de Compostela por la autopista nos quedamos sin gasolina. Autopista = No te dejan caminar por la vía. Por suerte íbamos entrando a un área de descanso y nos arrimamos para avisar al Seguro de Asistencia en Carretera para que nos mandara una grúa. Llegamos a casa a la una de la mañana. 

Thor, que se había bañado en el embalse y había revolcado bien a gusto, olía a mofeta. En la noche, malísimo de la tripa, apenas nos dejó dormir.

Pese a todo, fue un día genial.

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