jueves, 16 de junio de 2016

O bo camiño. (III). Un alto en el camino.



Aún no son las 14:00 horas y tampoco estamos cansados, incluso me siento capaz de comenzar a trotar. A unos quinientos metros tenemos a Lameira, donde hay un mapa del camino hasta Bruma y unos bancos para descanso de los peregrinos. Paramos unos instantes y reanudamos viaje pues ya a un par de kilómetros tendremos el Albergue del Peregrino en Sergude. Al llegar nos recibe Vasi, la hospitaleira (1). Nos había dicho una compañera suya hace algunos fines de semana que en el albergue no nos admitían a Thor, con lo cual ya habíamos descartado el quedarnos allí. Vasi nos atiende con toda la hospitalidad que corresponde y nos insiste para que nos hospedemos y que ella lleva al perro a su casa para que pernocte con los suyos. Después nos enteramos de que es vegetariana y que tiene una familia canina adoptada. Declinamos el ofrecimiento porque es muy temprano aún y nuestros cuerpos no acusan los veintidós kilómetros que hemos recorrido, aunque nos llevamos a Vasi en el corazón como una de las joyas de este viaje. Allí aprovechamos para comer nuestros bocadillos y esperamos a que termine el chaparrón que generosamente ha empezado a caer tan sólo al sabernos resguardados bajo techo. Al culminar nuestra comida y sin tiempo de más, reanudamos la marcha. Ya ha escampado.

Al poco de dejar Sergude, por una pista vecinal nos alcanza una furgoneta de las que se emplean para repartir el pan en sitios alejados y su chófer se detiene y corrobora que somos peregrinos a Compostela, nos denuncian nuestras vieiras al cuello. Y sí, nos ofrece una barra de pan para “o can” (2), aunque dice que también podemos comerla nosotros porque es pan fresco. Bonito gesto que el “Comando Santiago” agradece.  Es menester decir que el pan de Carral tiene fama en toda la región y ahora también internacional por la afluencia de peregrinos al Camino Inglés. Panadería que se precie en Galicia debe tenerlo en su carta de panes. En ese trayecto también recogemos y damos cuenta de alguna pera muy dulce, un par de manzanas, algunas uvas y moras ya casi fuera de estación, y fuentes con agua apta para el consumo humano. Y es que una importante enseñanza es que el camino proveerá lo verdaderamente necesario. 




[1] Término gallego anticuado que significaba persona que atendía en un hospital o que acogía pobres o peregrinos en su casa. En la actualidad, se emplea para designar a los que cuidan de las instalaciones y atienden a los peregrinos en los albergues del camino de Santiago.
[2] El perro, en gallego.

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