miércoles, 15 de junio de 2016

O bo camiño. (I). El camino de mis sueños.


A los peregrinos que, a lo largo de la historia, han dejado todo por seguir el camino de sus sueños.


A Xabier y Thor, mis compañeros de camino.

A mi padre, gran soñador y caminante.

CÓMO SE CUMPLEN LOS SUEÑOS…



 
La Habana, 1995. Una clase de francés sobre las "coquilles Saint-Jacques" (vieiras) y una chica de 26 años soñando en castellano recorrer un día El Camino de Santiago (antiquísima ruta de peregrinación desde diferentes partes de Europa a Santiago de Compostela). Y como los sueños que anhelamos con tanta fuerza, se cumplen; aunque haya tenido que esperar 20 años, en octubre del 2015, se ha hecho realidad. De aquella chica perdura el entusiasmo. 

Para algunos es más práctica una zamburiña
Vieira, símbolo que desde la Edad Media intdentifica al peregrino
Son algo más de las 6:00 de la mañana del sábado 10 de octubre, ese día que en Cuba es festivo porque se conmemora el levantamiento en armas del Padre de la Patria, Carlos Manuel de Céspedes, y sus hombres, en 1868, contra la metrópolis española, y que marca el inicio de la primera guerra de independencia cubana.

Empiezo a parecer una peregrina. Mis ojos reflejan que llevo varias noches sin dormir y, aún así, no estoy cansada. Tal es la emoción que me embarga que me hace recordar cuando en la infancia nos anunciaban en casa el día en que saldríamos de vacaciones para el Oriente del país, y mi hermana y yo no pegábamos ojo en muchos días y preguntábamos continuamente durante la noche anterior, - ¿falta mucho para levantarnos?
 

Xabier, mi compañero de aventura, acaba de comunicarme que ha tenido un sueño horribilis, que no quiere contarme, relacionado con el Monasterio de Sobrado de los Monjes, donde pasara algunos años en su juventud. El Monasterio acoge peregrinos del Camino del Norte. Ello me genera la duda de si es premonitorio de algo negativo, aunque para ser honesta, no estoy yo llegados a esta altura para premoniciones y más bien lo que me preocupa es que se eche atrás y finalmente decida no ir. Hasta hace sólo un par de semanas no pretendía acompañarme pues ya lo hizo en su juventud y es un capítulo que diera por terminado al decir que ya no sentía la motivación que en otro tiempo tuviera. Mi “preocupación” se justifica en que hay una extraña regla no escrita que dice que el camino de Santiago sólo se interrumpirá por razones de salud que impidan seguir la peregrinación, con lo cual de no venir, lo haría sola pues ya me considero puesta en marcha pese a no haber salido. Aclaro que más que temor a enfrentarme al camino sola, pues muchos peregrinos lo hacen así y en definitiva es más difícil la vida y yo la recorro casi siempre en solitario, es tristeza de no tenerlos a él y a Thor, su perro pastor alemán, con los que llevo recorridos ya muchos kilómetros y escaladas algunas montañas. En los últimos días hemos sacado los mapas del camino, visitado en coche algunos albergues para ver las posibilidades de hospedar a Thor, planificado horarios, y los imagino excelentes compañeros de viaje. Además, se desintegraría el “Comando Santiago” (forma jocosa en la que empezamos a referirnos entre nosotros a la comitiva chico, chica, Thor, unos días antes del viaje). Creo que estas preocupaciones no las compartí con él entonces, con lo cual al leer esto quizás se sorprenda. Podrá decir que la duda ofende.


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