Todo el camino a Santiago de Compostela está señalizado con la típica representación de la vieira y flechas amarillas. En el mejor de los casos las puedes encontrar en mojones que marcan el camino, pero cada vez que haya una intersección que ofrezca dudas, busca bien porque la flecha puede estar en el suelo, en el tronco de un árbol, en una señal del tránsito y en los sitios más variopintos. En nuestro caso, no hace ni falta seguir las flechas, con el tiempo nos damos cuenta que con seguir a Thor nos es suficiente. No hay error posible. ¿Cómo ha entendido qué es lo que debe seguir? La pregunta no deja de darme vueltas en la cabeza. - Por el rastro, dice Xabi. Vale, y ¿quién le ha dicho que siga un rastro? ¿Rastro de quién? En fin…- la naturaleza es sabia, decía mi abuela…
martes, 12 de julio de 2016
O bo camiño. VI. Thor, el peregrino...
Todo el camino a Santiago de Compostela está señalizado con la típica representación de la vieira y flechas amarillas. En el mejor de los casos las puedes encontrar en mojones que marcan el camino, pero cada vez que haya una intersección que ofrezca dudas, busca bien porque la flecha puede estar en el suelo, en el tronco de un árbol, en una señal del tránsito y en los sitios más variopintos. En nuestro caso, no hace ni falta seguir las flechas, con el tiempo nos damos cuenta que con seguir a Thor nos es suficiente. No hay error posible. ¿Cómo ha entendido qué es lo que debe seguir? La pregunta no deja de darme vueltas en la cabeza. - Por el rastro, dice Xabi. Vale, y ¿quién le ha dicho que siga un rastro? ¿Rastro de quién? En fin…- la naturaleza es sabia, decía mi abuela…
O bo camiño. (V). Disfruta el camino.
A la mañana siguiente, antes de que
amaneciera estábamos en pie, como abejitas preparándonos para la faena, sin
hablar y en la oscuridad. De pronto, alguien comprueba que ya estamos todos
despiertos y enciende para ponernos a recoger en condiciones. Al catalán le han
mandado por teléfono la previsión meteorológica. Se espera una ciclogénesis[1]
explosiva. Pregunta a Xabi si cree que ya debe ponerse la ropa de lluvia. Xabi,
como gallego, le responde que él no está tan seguro de que deba colocársela ya;
que en Galicia nunca se cumplen tan al pie de la letra los pronósticos. La
mallorquina está a punto de perder una uña y le brindamos unos y otros,
apósitos, unas tiritas llamadas segunda piel y que en verdad lo parecen. Nos
disponemos a la marcha y cada quien va saliendo del albergue al terminar, no
sin antes decirnos ¡Ultreia[2]!
Nosotros somos casi de los últimos en abandonar el albergue. Hemos de disponer
también la mochila de Thor. Nos esperan veintiocho kilómetros hasta Sigüeiro.
Salimos antes de que claree el día.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
