A la mañana siguiente, antes de que
amaneciera estábamos en pie, como abejitas preparándonos para la faena, sin
hablar y en la oscuridad. De pronto, alguien comprueba que ya estamos todos
despiertos y enciende para ponernos a recoger en condiciones. Al catalán le han
mandado por teléfono la previsión meteorológica. Se espera una ciclogénesis[1]
explosiva. Pregunta a Xabi si cree que ya debe ponerse la ropa de lluvia. Xabi,
como gallego, le responde que él no está tan seguro de que deba colocársela ya;
que en Galicia nunca se cumplen tan al pie de la letra los pronósticos. La
mallorquina está a punto de perder una uña y le brindamos unos y otros,
apósitos, unas tiritas llamadas segunda piel y que en verdad lo parecen. Nos
disponemos a la marcha y cada quien va saliendo del albergue al terminar, no
sin antes decirnos ¡Ultreia[2]!
Nosotros somos casi de los últimos en abandonar el albergue. Hemos de disponer
también la mochila de Thor. Nos esperan veintiocho kilómetros hasta Sigüeiro.
Salimos antes de que claree el día.
Varios kilómetros discurren por un camino
asfaltado, pero sin ningún rastro de ser vivo más que la vida peregrina a la
que adelantamos o que nos adelanta. Pese a todo, y a lo poco que nos deja ver
un día que se resiste a abrir, se intuye que la vegetación es preciosa. En un
par de sitios carteles anuncian que el bar más cercano se encuentra a siete
kilómetros y en él radican nuestras esperanzas de un buen desayuno peregrino.
Mi rodilla es como si no existiera y mi cuerpo no acusa el cansancio de la
jornada anterior y de las varias noches sin dormir. De pronto, en medio de la
nada más absoluta surge una “fábrica” de esculturas, y ello me lleva a pensar: - no olvides la meta, pero disfruta el
camino.
El sello de la mañana.
Ya ha amanecido, y al llegar al bar
coincidimos con varios de nuestros compañeros de albergue y hasta con algún
peregrino que es la primera vez que vemos, y ello es una característica de El
Camino, conoces personas a las que no verás jamás, coincides una y otra vez con
los mismos, adelantas a alguien, te adelantan, compartes un trozo de jornada
con alguno… una cena, unas risas, un compartir el dolor de las llagas en los
pies, que parece que toca a menos si se vive en compañía… Ese es el camino a
Compostela.
Pero me quedé en el desayuno, ese que aunque un poco
caro, me supo a gloria bendita. Nos pertrechamos de unos bocadillos que serán
toda nuestra comida hasta llegar a cumplir la meta del día, aprovechamos para
sellar mi credencial y reanudamos la marcha. A los peregrinos nos identifica
además de la vieira, una credencial que nos expiden donde comenzamos el camino
y que nos da derecho a pernoctar en la red de albergues y a acreditar los
kilómetros recorridos para obtener al final la Compostela, una suerte de
diploma en latín que indica que has culminado la peregrinación. Ahora la
otorgan si has recorrido como mínimo cien kilómetros andando o a caballo, o
doscientos en bicicleta. Para dar fe de que en verdad vas recorriendo el camino
debes hacerla sellar dos veces por día, por lo general en bares, albergues,
iglesias, monasterios, etc.
Pero me quedé en el desayuno, ese que aunque un poco
caro, me supo a gloria bendita. Nos pertrechamos de unos bocadillos que serán
toda nuestra comida hasta llegar a cumplir la meta del día, aprovechamos para
sellar mi credencial y reanudamos la marcha. A los peregrinos nos identifica
además de la vieira, una credencial que nos expiden donde comenzamos el camino
y que nos da derecho a pernoctar en la red de albergues y a acreditar los
kilómetros recorridos para obtener al final la Compostela, una suerte de
diploma en latín que indica que has culminado la peregrinación. Ahora la
otorgan si has recorrido como mínimo cien kilómetros andando o a caballo, o
doscientos en bicicleta. Para dar fe de que en verdad vas recorriendo el camino
debes hacerla sellar dos veces por día, por lo general en bares, albergues,
iglesias, monasterios, etc.
La etapa a Sigüeiro es un regalo.
Precioso recorrido mucho más aún porque lo hacemos en otoño. Los bosques de carballos se suceden, los caminos de loureiros llega el momento en que
asemejan túneles por los que discurrir. El campo es un festival de colores. No
en balde llaman a esta estación la “primavera dorada”. Atravesamos varios regatos[3]. Siempre
que cruzamos uno recito un trozo del poema más famoso en lengua gallega, de
Rosalía de Castro:
“Adios ríos, adios fontes
Adios regatos pequenos
Adios vista dos meus ollos
Non sei cando nos veremos”.
Después del kilómetro
quince, siento molestias en mi rodilla derecha. Avanzamos sin demasiada prisa,
aunque con paso constante. Comienza a llover. Sacamos y colocamos los
chubasqueros lo mejor que podemos y seguimos adelante. Nos encontramos de
frente con un señor y surge la pregunta de rigor: - ¿peregrináis a Compostela?
[¡Es tan bonito! Puede que no sea un sentimiento muy propio del camino, pero no
puedo evitarlo, estoy tan orgullosa de que sea así… Y no sé por qué me parece
que a Thor también le sucede]. - Sí, hacemos El Camino, respondemos. - Pero,
¿haréis noche en Sigüeiro? - ¡Sí! [habla mi maltrecha rodilla por mí]. - Pues
para llegar ya no tenéis pérdida, seguid las flechas recto, atravesáis un
puente y saldréis a la carretera. Después las flechas os introducirán
nuevamente por caminos y al final tendréis una recta hasta el pueblo. No hemos
preguntado, pero esta vez, como otras tantas a lo largo del recorrido, el
humano que te encuentra siente la necesidad de aliviarte el camino con una
barra de pan, una explicación, agua para Thor o sencillamente un ¡buen camino!
y la sonrisa del que agradece que exista gente que siga los pasos del Apóstol.
Rato antes nos habían adelantado tres
chicos con unas formas físicas estupendas. - Éstos llegan hoy a Santiago -,
pensé. Ahora los reencontramos porque han parado para ataviarse con los
atuendos de lluvia, que en su caso consisten en ponchos y… ¡bolsas de plástico
del supermercado puestas en los pies para proteger las zapatillas del agua! En
plan Rambo se colocan las bolsas como si fueran polainas y las sujetan con
cinta adhesiva haciendo gala de una destreza sin par. No sé si no se han
enterado de que una gran superficie especializada en el deporte vende polainas,
zapatillas de trekking de un material especial impermeable pero que evita la
sudoración excesiva… En fin… - Tienen pinta de militares -, pensé yo, - igual
están realizando algún ejercicio de supervivencia-. Viéndolos me siento un poco
tonta siendo cubana y viniendo con zapatillas especiales. Nuestro Thor, que de
tonto no tiene un pelo, coge la piña de pino que viene cargando toda la jornada
y se las pone justo enfrente a los Rambo para que se la lancen y jugar un poco.
La lanzan un par de veces y después retoman su marcha. Ya no los veremos más,
pero me quedo con la idea de las polainas de bolsitas. Por si acaso.
[1]
Término paraguas usado para varios eventos meteorológicos, pero que en
resumidas cuentas recuerdan a un ciclón.
[2]
Saludo entre peregrinos del camino de Santiago que viene a querer decir “vamos
allá” o “vamos adelante”. Extraído del Codex
Calixtinus. Hoy se utiliza más el desearse buen camino.
[3] En gallego,
curso de agua muy poco abundante. Riachuelo.

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